Voy a dejar propina, y en ese momento pienso: con este euro y medio podría añadirle tres columnas a la quiniela. Finalmente, en un esfuerzo de generosidad dejo una hipotética propina de varios millones de euros que el camarero recoge sin aspavientos, y me marcho feliz porque vivir calculando todo el rato no hay quien lo resista.
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