viernes, 15 de julio de 2016

Extraña situación

El otro día, yendo hacia el insti, en la rotonda que da acceso a la comarcal de Villamarchante un coche negro que se había parado en el stop hizo ademán de salir, frenó en seco y yo, que iba distraído, lo golpee por detrás. No es que fuera un gran golpe, pero sí suficiente para dejarle marcado el parachoques. El caso es que pensaba pararme en la misma rotonda, pero el coche siguió adelante, tomamos ambos la comarcal, ahora estaba seguro de que se detendría en el arcén, pero él, sin prisa ni pausa, siguió su camino a velocidad constante. Y así fuimos, uno detrás de otro durante tres o cuatro kilómetros que a medida que pasaban me llevaban de la intriga por cuándo pararía a la perplejidad porque no lo hiciera. Una extraña situación, más extraña todavía porque en un momento dado me percaté de que no divisaba al conductor del vehículo. Pudiera ser que el asiento lo tapara, pero siempre se ve una cabeza que asoma, un codo que reposa en la ventanilla, la blancura de un brazo que gira con el volante. Nada. Como seguir a una de esas diligencias o buques fantasmas del pasado por una pavimento tercer milenio. Y así anduvimos hasta la entrada del pueblo, donde me desvié hacia la calle del instituto ya sin valor para echar otra ojeada ahora que tenía una vista más lateral. No supe más de él. Esperaba que esa misma noche me hubiera despertado para hacer los papeles, pero ni siquiera.

9 comentarios:

  1. No sé a qué signo de interrogación te refieres, pero eso es lo de menos. ¿Eras tú, Marcela, que irrumpes en el blog cual pastora del Quijote, por ventura, la conductora?

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  5. De los lápices de colores de la infancia a lo inexorable. !Qué tremendo, Felipe!

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  6. De los lápices de colores de la infancia a lo inexorable. !Qué tremendo, Felipe!

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